Buenas prácticas /

Transitando del storytelling al storyaction

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Una de las cosas que nos pueden resultar un poco difíciles en el manejo de redes sociales es ese verdadero contacto o ‘engagement’ con nuestra audiencia. Por eso primero hay que preguntarse ¿es en realidad ‘nuestra audiencia’?

En mis años de experiencia, este verdadero contacto es lo que más cuesta, porque si bien las redes sociales son abiertas y nos permiten ‘conocer’ el perfil de nuestros lectores, muchas veces no identificamos realmente quien nos está leyendo detrás de esa pantallita de cristal.

Pero bueno, el paso de cómo identificar la audiencia, sus gustos, sus mejores horas de contacto me lo voy a saltar, puesto que es otro capítulo que seguro tocaremos en su momento a manera de refuerzo. Las métricas de nuestras redes sociales nos permiten obtener esta y más información para que empecemos a crear una verdadera comunidad.

Qué es

Ahora sí, entrando en materia empecemos por lo básico, definamos que es storytelling. El storytelling puede darnos tanto insumo como desmenucemos el término, así que trataremos de ser prácticos al definirlo. Cuando pedí a mi equipo de trabajo que definiera que era el storytelling, hubo una respuesta bastante brillante: “Es el arte de contar historias”, y sí, pero va mucho más allá, y aunque parezca una estrategia del siglo XXI, es tan antiguo como la publicidad misma.

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Werner Fuchs (experto en Neuromarketing), afirma que es “la fuerza de la huella” o, “quien cuente las mejores historias, gana”. Lo anterior nos lleva directamente a Apple, pues Steve Jobs cuando presentó al mundo el iPod, no lo presentó como un aparato de tantos megabytes, no, él lo presentó como una nueva forma de llevar “1.000 canciones en tu bolsillo” y de esa manera captó nuestra atención. Esto, queridos amigos, es el storytelling: es la capacidad de conceptualizar una idea que represente los objetivos o necesidades de nuestro cliente, en este caso nuestra audiencia, que desencadene una emoción y que apele a este tipo de lenguaje, que sea positivo, que aporte y que enganche.

Para concluir esta parte, citaré al padre moderno del storytelling, Jim Signorelli (conferencista, presidente y creador de Story Lab). Les recomiendo leer: ‘In God we trust. The rest of us just need a good story’.

Del storyaction al storydoing

Ahora bien, ya que tenemos un poco más definido lo que es el storytelling, vamos a la acción, al storyaction o storydoing. Ya sabemos que el storytelling de nuestra marca (sea cual sea, pues casi todo hoy en día es considerado una marca) debe tener el poder de materializarse en historias particulares, que no por ser una entidad de gobierno, de salud o inclusive una empresa dedicada a vender tecnología, debe ser lejana, sin identificación hacia la audiencia, y con lenguaje basado en tecnicismos. Aquí les dejo un claro ejemplo, que sin dejar de lado el ‘core’ de la marca, demuestra que podemos ser tan cercanos como queramos: https://www.qualcomm.com/videos/06qulg0174h15qts.

Una vez que ya tenemos mapeada esa historia con la que queremos llega a nuestra audiencia, pasamos a la acción, ¡sí! al storyaction, definido como “pasar de las palabras a la acción”, así es, simplemente accionar ese universo de historias que da vueltas en nuestra mente y nuestro computador.

Dicen los expertos que el storyaction es más fácil y viable para una empresa de servicios (nuestro caso) que para una de consumo, y si lo dicen, yo les creo; inclusive, el mismo Donald Trump lo anunció en su discurso de posicionamiento “The time for empty talk is over, now arrives the hour of action”. Entonces, de un modo básico, estamos hablando de predicar, pero predicar actuando en torno a ese discurso que se repite una y otra vez, de manera estructurada y no a modo de rezo, aguardando que alguien nos crea el discurso.

Es dar ese salto de fe, un salto al vacío, pero al vacío del accionar de nuestras historias, de crear experiencias en torno a nuestro discurso, y que sencillamente cuando nuestro interlocutor lo vea, diga: “¡bien!, no sólo son palabras, son acciones”, o que vean un embajador de marca, no un experto en el tema. Y que este último, el embajador de marca, sea algo así como la cereza del pastel que le da sabor al storyaction.

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Storyaction entonces, amigos lectores, es hacer realidad las historias que creamos basados en los valores que nos definen, a través de experiencias en las que podamos enlazar nuestra marca. ADVERTENCIA: eventos, patrocinios, cócteles y demás factores que se le parezca no es storyaction. Pues algo que sí está claro, es que tenemos una audiencia deseosa de historias y de experiencias con las que se puedan identificar, que prime además una buena narración sobre los argumentos, que predomine lo emocional sobre lo racional, y que las sensaciones estén por encima de los datos.

Centrar nuestra historia, dentro de un contexto familiar y habitual, que lleguemos realmente a cualquier persona que nos esté escuchando, viendo, leyendo, usando -además- analogías comunes y de nuestro día a día; y aunque algunos críticos estén en contra del storyaction y lo tilden como un instrumento para manipular la emoción de las personas, es un camino comunicativo, un momento que debemos aprovechar al máximo para comunicar y decir, desde el otro lado de la pantallita de cristal, “sé que estás ahí, te reconozco y este mensaje es para ti…”.

Tú, poderoso creador de contenidos, ¿te animas a crear una historia que podamos vivir en el mundo real? Por cierto, olvide decirte que, si llegaste hasta aquí, es porque hemos conectado, has vivido una real experiencia del storytelling al storyaction.

Imágenes: Freepick, Gobierno en Redes, Ghipy